El invierno traerá más cierres de pymes si el verano fue malo
E.J.L. asumió la presidencia de la Cámara Argentina de Cerveceros Artesanales de manera interina hace un año, luego de que su antecesor se retirara por motivos personales. Su llegada a la cámara fue inicialmente para acompañar y, ahora, enfrenta un desafío enorme en un sector que atraviesa momentos complicados, marcado por la crisis que vivieron las pymes en los últimos años.
En el país, hay aproximadamente 1.500 productores de cerveza artesanal, de los cuales alrededor de 120 forman parte de esta cámara. Estas cervecerías están distribuidas en varias provincias, lo que resalta la alta informalidad y atomización del sector. Es un ecosistema lleno de pequeños productores, aunque la mayoría de las ventas están concentradas en pocas grandes marcas, como AB InBev y Compañía de Cervecerías Unidas, que dominan el mercado con el 97% de las ventas.
La historia de la cerveza artesanal en Argentina comenzó a tomar impulso a finales de los años 90. La cervecera Antares, por ejemplo, se estableció en Mar del Plata en 1998. Para ponerlo en perspectiva, en 2000 la cerveza artesanal representaba solo el 0,1% del mercado, y hoy ese número ha crecido alrededor del 3%. Aun así, eso significa que 1.500 productores deben repartirse ese pequeño porcentaje, mientras que las grandes multinacionales se quedan con la mayor parte.
Entre 2015 y 2018, el sector vivió un boom notable. Se abrieron muchos bares y el consumo creció exponencialmente. Sin embargo, desde 2018, las cosas no han sido tan fáciles. La competencia aumentó, los márgenes se redujeron, y la moda de la cerveza artesanal empezó a decaer. El consumo disminuyó lo que impactó directamente en las ventas. Cuando el poder adquisitivo de la gente baja, el gasto en salidas se recorta y ahí es donde muchas veces la cerveza artesanal queda afuera. La diferencia de precio también pesa: si una cerveza industrial cuesta $1.000 y la artesanal $2.000, la balanza se inclina.
La pandemia de 2020 trajo consigo más cambios. Con los bares cerrados, las cervecerías tuvieron que adaptarse a la venta directa, ofreciendo delivery y buscando nuevas maneras de llegar al consumidor. Esto llevó a un consumo más individual y a un cambio en las costumbres. A nivel global, se constata una tendencia de reducción del consumo de alcohol, impulsada por nuevas generaciones que prefieren opciones con menor contenido alcohólico.
Desde 2023, la caída en volumen de ventas ha sido cercana al 20% en comparación con el año anterior. Las proyecciones para el futuro no son optimistas, ya que algunos de los miembros de la cámara consideran que la caída podría continuar, aunque a un ritmo más lento.
Un desafío constante para las pymes es, sin duda, sostener márgenes de rentabilidad. E.J.L. comentó que su propia empresa tuvo el peor enero de su historia y que muchos en el sector están en una situación complicada. A pesar de que los costos siguen subiendo, los precios al cliente no se pueden aumentar, lo que complica aún más la situación.
Las importaciones también afectan el sector. Los costos de insumos son altos y a veces se encuentran con cervezas importadas que se venden a precios más bajos, lo que dificulta la competencia. En este contexto, muchas cervecerías han tenido que adaptarse para sobrevivir.
En 2020, su propia planta hizo un cambio significativo al pasar de barriles a latas. La idea era expandir su producción, pero a medida que la situación del mercado se volvía más desfavorable, se encontraron con una planta diseñada para una capacidad mucho mayor a la que realmente pueden producir hoy. De los 100.000 litros mensuales que lograban antes, actualmente están produciendo alrededor de 45.000 litros.
La inversión realizada en la nueva planta fue considerable, superando el millón de dólares, y la mayoría de esa inversión provino de fondos familiares. Esto les ha permitido no depender de financiamiento externo, lo que es una ventaja en estos tiempos, pero también implica un compromiso personal significativo.
Aunque por ahora han podido mantener a su equipo completo de 16 personas, la situación es delicada. Con costos que siguen aumentando y una baja en las ventas, el futuro planteará nuevos desafíos en el sector. Se estima que cerca del 10% de las cervecerías cerró en el último año, y muchos están reconfigurando sus estructuras o bajando su producción.
La situación es crítica y el camino por delante se presenta difícil para todos los productores de cerveza artesanal en Argentina.